Un sismo de magnitud 5,6 sacudió a Colombia en la madrugada de este martes 3 de noviembre, a las 4:13 a.m., con epicentro en la zona de Chaparral, Tolima, según reportó el Servicio Geológico Colombiano (SGC). El evento, de profundidad superficial (menor a 30 kilómetros), fue percibido con intensidad en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Ibagué y otras del centro y occidente del país. Habitantes de estas urbes compartieron videos de la fuerte sacudida que despertó a miles de personas. Las autoridades reportaron inicialmente daños menores, incluyendo una persona lesionada por el colapso de un muro en una vivienda de Chaparral y afectaciones puntuales en estructuras y el servicio eléctrico en Tolima y Quindío, además de varias réplicas de magnitudes entre 2,1 y 3,5.

Aunque la magnitud de este movimiento fue considerablemente menor a la del devastador terremoto del 10 de agosto de 2026 —que alcanzó 7,4 y tuvo epicentro cerca de San José del Palmar, Chocó, a una profundidad intermedia de alrededor de 100 kilómetros—, el evento de esta madrugada reavivó la zozobra en la población. El sismo de agosto, el más fuerte registrado en Colombia en la última década, dejó más de 330 muertos, miles de heridos, cientos de desaparecidos y daños extensos en departamentos como Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Quindío, afectando a cerca de medio millón de personas y provocando la declaración de desastre nacional. La cercanía temporal entre ambos fenómenos, sumada a la memoria fresca de colapsos de edificios, interrupciones de servicios y el impacto humano de agosto, genera una sensación de vulnerabilidad permanente en un país ubicado en una zona de alta actividad tectónica, donde interactúan las placas de Nazca, Suramericana y Caribe.

Colombia registra actividad sísmica de forma recurrente. Eventos de magnitud media, como el de este martes, no generan las mismas consecuencias catastróficas que uno de 7,4, pero sí recuerdan que el riesgo no desaparece y que la preparación es la principal herramienta para reducir daños. Las autoridades, a través del SGC y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), insisten en que, aunque los sismos no se pueden predecir, sí es posible mitigar sus efectos mediante acciones concretas antes, durante y después.

Antes del sismo, se recomienda identificar zonas seguras en el hogar y el trabajo (cerca de columnas o bajo muebles resistentes, lejos de ventanas y objetos que puedan caer), elaborar un plan familiar de emergencia con punto de encuentro, asegurar objetos pesados, revisar el estado estructural de las edificaciones según normas sismo-resistentes y preparar un kit de emergencia con agua, alimentos no perecederos, linterna, radio a pilas, botiquín, medicamentos, silbato y documentos importantes.

Durante el movimiento, la indicación principal es mantener la calma: agacharse, cubrirse y sujetarse en un lugar seguro si la construcción es sismo-resistente. Evitar correr hacia las salidas mientras dura la sacudida, no usar ascensores y alejarse de vidrios y elementos inestables.

Después, se debe verificar el estado de las personas cercanas, revisar posibles daños estructurales o fugas de gas (cerrar llaves si es necesario), no reingresar a edificaciones dañadas y seguir únicamente las indicaciones de las autoridades y organismos de socorro. También es fundamental consultar fuentes oficiales para evitar la desinformación.

El sismo de este 3 de noviembre, aunque de menor impacto que el de agosto, sirve como recordatorio de que Colombia convive con este riesgo de forma constante. Fortalecer la preparación individual y colectiva no elimina la amenaza, pero sí marca la diferencia en la capacidad de respuesta y en la protección de vidas. Las guías oficiales de la UNGRD y el SGC están disponibles para consulta y deben formar parte de la cultura de prevención.